miércoles 7 de diciembre de 2011

Luces (Parte III)

Ni levanta la vista. No debería saludarla. ¿Para qué? Es lo mismo si estoy o si no estoy. Dice hola pero es como si no dijera nada, como si dijera: no te digo nada.
No está ella y no está el mundo. Un mar que se retira de la costa.
Está mi cuerpo.
Camila debería cocinar. Poner la mesa ella, retirarla, lavar todo, ordenar. Ella; no yo. Yo sólo respirar, que ya es bastante. Que agradezcan que estoy en pie. Nunca me dice que no. Ahora lo hago. Pero no lo hace. Y lo hago yo. En medio del dolor. Nada más íntimo; como el correr de la sangre.
Otra vez acá, en mi cuerpo.
Camila deja pasar las horas sin hacer lo que dice que va a hacer. Tan dócil en su indiferencia. Su vida es un presente continuo, sin pasado. Un instante o una eternidad. El único pasado que conoce es el pasado de las series que ve. Las horas pasan pero podrían estar quietas. ¿Qué significará ya su nombre? Un nombre en descomposición.
Recuerdo su luz. La luz de sus ojos. Su mirada. Una mirada llena de futuro. Hay otras con pasado. Con toda la carga del tiempo. Ella tenía la ligereza de lo insinuado. Yo me refrescaba en su mirada, era como ver por la ventana el nacimiento del día. Camila nacía en sus ojos.
Ella debería estar limpiando, no yo. Ya ni para compañía me sirve. Ni para escuchar todo lo que pasa adentro mío. Intenté que entendiera, que viera. Me decía que no veía, que el dolor no tiene imagen. No me resigné. Detalle a detalle. Hora tras hora. Pero no. Sólo metáforas. Todo se deshace en metáforas.
Espero. No tengo más que la voluntad de la espera. Que termine. Que el mundo reaparezca. Salir de mi cuerpo. Recomenzar el día. Es día cuando termina. Camila no entiende del recomenzar. Una continuidad es su vida.
Unas manos tenía. Yo digo, con esas manos pianista. Pianista iba a ser. Y seguramente buena. Típicas manos de pianista.
Le digo a Camila que tiene que sacar la basura. Ella no se niega: ahora lo hago. Atornillada a la silla. Serie tras serie. Ni para negarse está. ¿Cuándo se perdió? Habrá habido un proceso, todo un camino de la pérdida. Las señales se ven claras cuando ya todo está consumado. Camila poco a poco, se me escurrió entre las manos. Tan solícita antes. Decía siempre que sí, igualito que ahora.